Había días, cuando trabajaba en el colegio, en los que realmente me cuestionaba sobre mi vocación docente, al estar parada frente a tantos chicos tratando de que estén en silencio, atendiendo a lo mucho que quería enseñarles (que hasta ahora estoy segura era importante para ellos porque no sólo eran conocimientos sino también estrategias para la vida) y ellos en total rebeldía conversando, jugando o hasta mirando el mosco pasar, pero menos escuchando. Que frustrante situación, sentía que todo mi esfuerzo era en vano y pensaba en que no tenía sentido desgastarme tanto, que no debía intentar educar a esos estudiantes "ineducables"...
...Pero luego, en un momento inesperado, llegaba uno de ellos y conversaba conmigo, a veces pidiendo consejo, otras sólo dispuesto a escuchar lo que le podía decir sobre cualquier cosa, o simplemente con ganas de hablar y contarme sus travesuras, pero siempre con una necesidad de mi afecto. Entonces me daba cuenta que educar no sólo era lo que hacía en el aula, sino lo que podía hacer o decir en ese momento en que su corazón estaba abierto a recibir.
Hay veces que uno como docente se pregunta si vale la pena "educar" porque la tarea es muy dura, pero todo lo que demos a los chicos desde nuestro corazón, en el día a día que pasamos con ellos, será su mayor legado y veremos sus frutos en el futuro.
Así que a no desistir maestros,
¡Vamos a Educar!
No hay comentarios:
Publicar un comentario