Generalmente nuestro entorno es lo suficientemente rutinario como para darnos cierta comodidad y un grato sentimiento de seguridad en nuestro día a día, pero creer que es invariable es algo totalmente falso, nuestro mundo es constantemente cambiante, estamos sujetos a una serie de fenómenos naturales y sociales que no podemos controlar y que de un momento a otro nos enfrentan a nuevos escenarios. Entonces, ¿Cómo se puede afrontar el cambio en este mundo impredecible?
Una propuesta es aprender de los sucesos extraordinarios (Taleb, 2008). Es lo que hacemos cuando, por ejemplo, nos abate un terremoto, nos aseguramos que las nuevas construcciones tengan la suficiente flexibilidad y resistencia para soportar un futuro evento similar o de mayor magnitud.
Sin embargo, esto no es suficiente, pues para enfrentar esta incertidumbre debemos ser conscientes de nuestra situación como humanos y comprender que, a pesar de ahora conocer más sobre el funcionamiento de nuestro mundo y poder enfrentarlo mejor, nuestro conocimiento no es absoluto, siempre tiene un cierto grado de error y de ilusión (Morin, 2001)
Por lo tanto, es necesario ir más allá del conocimiento formal, también se requiere tener un pensamiento flexible que nos permita encontrar soluciones nuevas y creativas frente al cambio en lugar de dejarnos abrumar por él, pues “una mente abierta tiene más probabilidades de generar cambios constructivos que redunden en una mejor calidad de vida; una mente rígida no sólo está más propensa a sufrir todo tipo de trastornos psicológicos, sino que, además, afectará negativamente al entorno en el que se mueve”. (Riso, 2007)
A esto se lo conoce como pensamiento divergente o lateral, a aquella capacidad de ver las cosas desde otro punto de vista que llega más allá de lo lógico y formal que estamos acostumbrados, involucrando la creatividad, la lúdica, la complejidad, es decir, todas aquellas características que nos permiten ser más imaginativos, críticos, holísticos y que, por lo tanto, nos permitirán buscar nuevos caminos para sobrellevar las consecuencias que los cambios repentinos nos imponen.
La ventaja es que este tipo de pensamiento sí puede aprenderse y, por ello, deberíamos promoverlo constantemente en los ámbitos educativos, pues “quien posee esta capacidad tiene mayores posibilidades de actuar con tolerancia, ilustración y autonomía en el mundo de la vida” (Aparicio, 2007)
Fuentes:
- Aparicio, J. C. (2007). Pensamiento lateral y aprendizaje. Coop. Editorial Magisterio.
- Morin, E. (2001). Los Siete Saberes Necesarios Para la Educacion Del Futuro. Editorial Paidós.
- Riso, W. (2007). El poder del pensamiento flexible: de una mente rígida a una mente libre y abierta al cambio. Editorial Norma.
- Taleb, N. N. (2008). El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable. Editorial Paidós.
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